Reflexión Aceptación 8 min de lectura

La aceptación no elimina la acción

Aceptar la realidad no significa resignarse. Puede ser el punto de partida para actuar con mayor claridad y buscar la excelencia.

Ing. Fernando Sotomayor

Octubre 2026

Businessman sitting at desk in high-rise office, gazing at sunset cityscape while working on laptop with business diagram on window glass.

Hace unas semanas publiqué una reflexión titulada "La decisión más importante de mi carrera no fue financiera".

En ella hablaba de la aceptación y de cómo dejar de luchar constantemente contra las circunstancias —tanto internas como externas— me fue llevando, poco a poco, a encontrar una manera de vivir y trabajar con mayor paz.

Pero hay algo que me gustaría aclarar.

En el mundo profesional, donde trabajé durante más de cuarenta años, hablar de aceptación puede resultar extraño. Incluso puede confundirse con resignación, conformismo o falta de ambición.

Y para mí son cosas muy diferentes.

En la resignación hay frustración.

Me resigno a algo porque, en el fondo, quisiera que las cosas fueran diferentes. Acepto a regañadientes una realidad que no quiero.

La aceptación, como yo he aprendido a entenderla, es distinta.

Es afrontar la vida con lo que hay. Tomar las circunstancias como vienen, tratando de no agregar inmediatamente un juicio sobre lo que está ocurriendo.

Pero aceptar no significa dejar de actuar.

Y mucho menos significa renunciar a la excelencia.

De hecho, con el tiempo he llegado a pensar casi lo contrario: la aceptación puede ayudarnos a actuar mejor.

La aceptación no elimina la acción. Lo que puede eliminar es una parte de la lucha interna que muchas veces precede a la acción. Y cuando esa lucha disminuye, paradójicamente, podemos ver con mayor claridad qué necesitamos hacer.

Acepto primero.
Actúo después.

Los problemas también pueden ser buenas noticias

Recuerdo que en la empresa donde trabajé durante mis últimos treinta años se promovía el Control Total de Calidad (CTC).

Había una idea que escuchábamos con frecuencia y que se me quedó grabada:

"Los problemas que encuentres en el trabajo son buenas noticias."

A primera vista puede parecer una contradicción.

¿Cómo puede ser una buena noticia encontrar un problema?

Porque encontrarlo nos permite verlo, entenderlo y comenzar un proceso de mejora.

Con los años descubrí que esa idea contenía algo más profundo.

Si ante un problema mi primera reacción es buscar culpables, lamentarme, resistirme a lo ocurrido o hacer un drama alrededor de la situación, una parte importante de mi energía se queda atrapada ahí.

Pero si puedo mirar el problema simplemente como lo que hay en este momento, algo cambia.

El problema sigue existiendo.

Hay que resolverlo.

Quizá sea grave.

Pero puedo comenzar a trabajar sobre él sin agregar una lucha interna innecesaria.

Para mí, eso también es aceptación.

Y no está peleada con la excelencia.

Al contrario: puedo buscar la excelencia desde la calma.

"No te veo muy preocupado"

Recuerdo una anécdota de aquellos años que ahora me causa cierta gracia.

En alguna ocasión, mi jefe me encargó resolver un problema delicado. Ya no recuerdo exactamente cuál era, pero sí recuerdo que era algo importante y que requería atención.

Me puse a trabajar.

Investigué lo que estaba ocurriendo, revisé alternativas y comencé a buscar posibles soluciones.

Después de cierto tiempo, mi jefe entró a mi oficina.

Me observó y me dijo:

"No te veo muy preocupado."

La frase llevaba implícita una idea que probablemente muchos hemos compartido alguna vez: si el problema es serio, deberías verte preocupado.

Mi respuesta fue muy sencilla:

"Pues no me siento preocupado, pero estoy buscando cómo resolverlo."

No recuerdo cómo terminó aquel problema. Seguramente encontramos alguna solución. Hoy me parece que refleja un cambio que había empezado a ocurrir en mí.

Durante muchos años yo también había pensado que preocuparme era parte de resolver los problemas. Incluso podía sentir que, si no llegaba a cierto nivel de estrés, quizá no estaba haciendo lo suficiente.

Como si la preocupación demostrara compromiso.

Con el tiempo descubrí que no necesariamente era así.

Puedo ocuparme sin preocuparme.

Puedo reconocer la gravedad de una situación, trabajar intensamente para resolverla y buscar el mejor resultado posible sin necesidad de añadir sufrimiento al proceso.

El camino también importa

Hay una frase que siempre me ha gustado:

"El camino es la meta."

Podemos dirigirnos hacia un objetivo y trabajar seriamente para alcanzarlo.

Pero mientras avanzamos, el camino sigue siendo nuestra vida.

Habrá dificultades.

Habrá errores.

Habrá situaciones que no esperábamos.

Incluso puede ocurrir que la meta cambie.

Entonces me pregunto:

¿De qué serviría recorrer todo ese camino sufriendo porque todavía no hemos llegado?

Aceptar el presente no significa renunciar al futuro.

Significa avanzar hacia él sin rechazar constantemente el lugar en el que estamos.

Entrenar la aceptación

Por supuesto, decirlo es mucho más fácil que hacerlo.

La aceptación requiere entrenamiento.

Y aquí es donde la práctica de la meditación y el mindfulness ha sido especialmente importante para mí.

A veces pienso en la meditación formal como una especie de gimnasio para la mente.

¿Y qué entrenamos?

Entre otras cosas, algo aparentemente muy sencillo: regresar.

Regresar una y otra vez al momento presente.

Observar lo que aparece.

Reconocer nuestros pensamientos y juicios.

Y, cuando sea posible, no quedar atrapados inmediatamente en ellos.

Con la práctica, esa capacidad comienza poco a poco a trasladarse a la vida cotidiana.

A una conversación difícil.

A una decisión financiera.

A un problema en el trabajo.

A una circunstancia que no salió como esperábamos.

La realidad sigue siendo la misma.

Lo que puede cambiar es nuestra manera de relacionarnos con ella.

Después de muchos años, estoy convencido de que aceptar no significa conformarse.

Tampoco significa dejar de buscar mejores resultados.

Para mí significa partir de la realidad como es.

Desde ahí puedo moverme.

Puedo corregir.

Puedo decidir.

Puedo buscar la excelencia.

Y puedo hacerlo con mucha menos lucha interna.

Una reflexión para cerrar

¿Alguna vez has sentido que necesitas preocuparte, frustrarte o estresarte para demostrarte que realmente estás haciendo algo por resolver un problema?

Quizá valga la pena preguntarnos si toda esa lucha es realmente necesaria.

Tal vez aceptar la realidad no sea dejar de cambiarla. Tal vez sea simplemente un mejor lugar desde donde empezar a cambiarla.

Gracias por acompañarme en esta reflexión.

Nos seguimos encontrando en El Yogui Financiero, un espacio para reflexionar sobre una vida profesional más consciente.

Para profundizar

Si este tema te interesa y quieres profundizar en el significado de la aceptación desde una perspectiva filosófica y de autoconocimiento, te recomiendo esta reflexión de Mónica Cavallé.

Su manera de abordar la aceptación puede ayudar a comprender con mayor profundidad algunas de las ideas que he compartido aquí.

Ver el video de Mónica Cavallé en YouTube

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Si este tema resuena contigo, puedo acompañarte a analizar tus decisiones financieras con más claridad, o iniciarte en la práctica del Mindfulness.

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