Reflexión Finanzas y Mindfulness 7 min de lectura

La decisión más importante de mi carrera no fue financiera

La historia de cómo dos caminos aparentemente opuestos terminaron transformando mi manera de trabajar, de tomar decisiones y de vivir.

Ing. Fernando Sotomayor

Septiembre 2026

Middle-aged man smiling at camera in casual setting, wearing light pink button-up shirt in what appears to be a bar or restaurant

Durante más de treinta años mi vida profesional estuvo ligada al mundo de las finanzas corporativas. Mi trabajo consistía en tomar decisiones sobre financiamientos, inversiones, administración de riesgos, liquidez y relaciones con instituciones financieras. Eran años de alta responsabilidad, de presión constante y de decisiones que, en muchos casos, tenían un impacto importante en las empresas para las que trabajaba.

Durante muchos años estuve convencido de que algo en mí tenía que cambiar. Pensaba que necesitaba preocuparme menos, manejar mejor el estrés, dormir mejor y funcionar de una forma diferente. Creía que, si lograba cambiar lo suficiente, algún día encontraría la tranquilidad que buscaba.

Quienes me conocían profesionalmente difícilmente habrían imaginado que, al mismo tiempo, existía otra parte de mi vida que transcurría en silencio. Mientras desarrollaba mi carrera, también comenzaba un camino personal a través del Mindfulness y la meditación. Este camino comenzó, en parte, por curiosidad; en parte, por intuición y, en una medida muy importante, por mi personalidad aprensiva. El estrés y la falta de sueño aparecían con frecuencia y sentía que necesitaba encontrar una manera diferente de vivir esa realidad.

Lo sorprendente fue descubrir que el camino terminó siendo exactamente el contrario.

Con el tiempo, la práctica me fue enseñando, poco a poco, que el camino no consistía tanto en cambiar, sino en aceptar: aceptar mi entorno y aceptar también mi propia personalidad.

Es paradójico. En estos blogs trataré de explicar ese movimiento que parece ir en sentido contrario: aceptar las cosas tal como son, abrazar el caos, la contradicción y la incertidumbre para descubrir un estado de paz que surge cuando la lucha interna cesa. Paradójicamente, es entonces cuando muchas cosas comienzan a encontrar su lugar.

Como muchas personas, al principio veía la meditación como un espacio para encontrar tranquilidad. Sin embargo, con el paso de los años descubrí que iba mucho más allá. Poco a poco comenzó a transformar la manera en que observaba los problemas, enfrentaba la incertidumbre y me relacionaba con las personas.

No ocurrió de un día para otro. Tampoco fue una experiencia extraordinaria. Fue un cambio gradual, casi imperceptible, que terminó influyendo profundamente en mi forma de trabajar.

Con el tiempo descubrí que la meditación no me ayudaba a evitar la presión; me ayudaba a relacionarme de otra manera con ella.

Aprendí a escuchar con mayor atención antes de responder. A distinguir cuándo una decisión debía tomarse de inmediato y cuándo lo más prudente era saber esperar. A convivir con la incertidumbre sin sentir la necesidad de controlar cada resultado. A reconocer que, en muchas ocasiones, la serenidad produce decisiones más acertadas que la prisa.

Y, por cierto, la prisa ha sido —y sigue siendo— uno de mis grandes maestros. Aún hoy continúo aprendiendo a reconocerla y a no dejar que dirija mis decisiones.

Con los años fui descubriendo que las mejores decisiones rara vez nacen de una mente acelerada. Surgen cuando existe suficiente claridad para observar una situación desde distintas perspectivas, escuchar a los demás y responder con calma.

Hoy, al mirar hacia atrás, me doy cuenta de que nunca estuve viviendo dos vidas diferentes. No existía, por un lado, el director de finanzas y, por otro, la persona que meditaba. En realidad, ambas experiencias se fueron integrando poco a poco hasta convertirse en una sola manera de entender el trabajo y la vida.

Cuando me jubilé después de más de tres décadas en el mundo corporativo, pensé que esa etapa había concluido. Sin embargo, el aprendizaje ha continuado, de otra manera; quizá más profunda y, sin duda, más retadora.

Estos casi tres años de jubilación me han permitido dedicar más tiempo al estudio, la práctica y la reflexión. Lejos de sentir que ya encontré respuestas, sigo sorprendiéndome con nuevas experiencias, nuevas preguntas y nuevas formas de comprender cómo funciona nuestra mente y cómo influye en la manera en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos con los demás.

Me gusta aprender y también compartir lo que voy aprendiendo. Ese es, precisamente, el origen de este blog.

No pretendo convencer a nadie de meditar ni ofrecer recetas para alcanzar una vida perfecta. Mi intención es compartir experiencias, aprendizajes y reflexiones que puedan ser útiles para quienes buscan desarrollar una vida profesional más consciente, tomar mejores decisiones, reducir el desgaste innecesario y encontrar un mayor equilibrio entre el éxito profesional y el bienestar personal.

Pero si algo he aprendido es que el verdadero crecimiento no siempre ocurre cuando intentamos convertirnos en alguien diferente. Comienza cuando dejamos de luchar contra nosotros mismos.

Ese ha sido uno de los aprendizajes más importantes de mi vida.

Después de muchos años de experiencias y aprendizajes, quiero compartir lo que considero más valioso de estos dos caminos que, aunque parecen distantes, terminaron siendo profundamente complementarios. Si alguna de estas reflexiones logra ayudarte a trabajar con mayor claridad, vivir con menos desgaste o simplemente mirar las cosas desde una perspectiva diferente, este espacio habrá cumplido su propósito.

¿Conversamos?

Si este tema resuena contigo, puedo acompañarte a analizar tus decisiones financieras con más claridad, o iniciarte en la práctica del Mindfulness.

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