Cómo un hábito aparentemente inofensivo terminó enseñándome tanto.
Ing. Fernando Sotomayor
Septiembre 2026
Hubo una época en la que solía repetirme una frase:
"El ego tiene prisa."
No recuerdo exactamente cuándo comenzó, pero esa frase describía muy bien algo que me ocurría constantemente.
Con el tiempo me di cuenta de que la prisa no solo me acompañaba cuando tenía mucho trabajo o cuando enfrentaba una decisión importante. Estaba presente casi todo el tiempo.
Había una sensación permanente de urgencia.
Era como si mi mente me dijera: "Apúrate... porque algo puede pasar si no lo haces."
Y mientras no resolvía aquello que tenía enfrente, comenzaban a aparecer una serie de pensamientos, casi siempre catastróficos.
"¿Y si sale mal?" "¿Y si ya es demasiado tarde?" "¿Y si hubiera actuado antes?"
Esos pensamientos alimentaban la prisa. Y la prisa alimentaba el estrés. Era un círculo que parecía no terminar.
Con los años descubrí algo curioso. Muchas veces ni siquiera estaba tan ocupado. Había convertido la prisa en un hábito. Y como ocurre con todos los hábitos, dejé de verla. Simplemente vivía dentro de ella.
Lo interesante es que esa prisa también aparecía en cosas completamente cotidianas.
Recuerdo, por ejemplo, que si estaba comiendo algo que sabía que no era precisamente saludable —unas palomitas de maíz, por ejemplo—, me las comía con rapidez. Hoy me da risa recordarlo. Era casi como si una parte de mí pensara: "Apúrate antes de que te des cuenta de que no deberías estar comiéndolas."
La misma urgencia aparecía en situaciones mucho más importantes, como resolver un problema en la oficina o tomar una decisión complicada. Pero también aparecía en las más simples.
Un día caminaba con mi hijo Luis por un centro comercial. De pronto me detuvo y me dijo: "Pa, no te puedo alcanzar. ¿Por qué caminas tan rápido?" Aquella pregunta me sorprendió. No iba tarde. No tenía ninguna cita. Ni siquiera había algún motivo para caminar así. Simplemente... caminaba con prisa.
Y ese día comprendí que la prisa ya no respondía a las circunstancias. Se había convertido en una forma de vivir.
Con el tiempo descubrí que la prisa casi siempre comienza con una idea muy sencilla: "Algo puede pasar si no me apuro." Esa idea aparece casi sin darnos cuenta. Y cuando no somos conscientes de ella, empezamos a actuar en automático.
Por supuesto que hay momentos en los que la prisa es necesaria. Sería absurdo negarlo. Hay decisiones que requieren rapidez. Hay situaciones que exigen actuar inmediatamente. El problema aparece cuando la prisa deja de responder a la realidad y se convierte en un hábito. Un hábito acompañado, muchas veces, por una angustia silenciosa.
Durante mucho tiempo pensé que el objetivo era eliminar la prisa. Hoy ya no lo veo así. El verdadero cambio comenzó cuando aprendí a reconocerla.
Cada vez que aparece, procuro verla como una señal. Como una pequeña campana que me invita a detenerme. A respirar. Y a regresar.
¿Regresar a dónde? A ese lugar desde donde puedo volver a observar lo que está ocurriendo y decidir con mayor claridad.
Porque cuando vivo dentro del hábito, no decido. Simplemente reacciono. La urgencia decide por mí. El hábito decide por mí. Yo solo ejecuto.
Y quizá ahí esté uno de los mayores aprendizajes que me ha dejado el Mindfulness. No consiste únicamente en meditar. Consiste en recuperar la posibilidad de elegir. Elegir cómo responder. Elegir si realmente tengo prisa... o si solo estoy siguiendo un viejo patrón que aprendí hace muchos años.
Hoy la prisa sigue apareciendo. No desapareció. Pero ya no la veo como una enemiga. La veo como una maestra.
Porque, cada vez que la reconozco, me recuerda que puedo volver a ese estado de conciencia desde el cual recupero algo que el hábito suele quitarme: la libertad de decidir.
¿Existe algún hábito que aparezca una y otra vez en tu vida sin que apenas lo notes? A veces, el primer paso para cambiar el rumbo no es luchar contra él, sino simplemente darte cuenta de que está ahí. Quizá ese momento de conciencia sea el inicio de una forma diferente de vivir.
Si este tema resuena contigo, puedo acompañarte a analizar tus decisiones financieras con más claridad, o iniciarte en la práctica del Mindfulness.
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